Hacia la Interioridad: La Invitación de Nuestra Madre Santa Teresa en las Primeras Moradas
Para nosotros, como miembros de
la Orden Seglar de los Carmelitas Descalzos, el camino hacia el centro del alma
no es una carrera de resultados inmediatos, sino un proceso de "procurar".
Nuestra Madre Santa Teresa de
Jesús no nos impone exigencias inalcanzables; al contrario, nos motiva a
intentar, a proponer y a comenzar con alegría y libertad.
El Evangelio y el Carmelo confían
en los procesos del Espíritu, lejos de la ansiedad por el éxito espiritual.
La Disposición del Corazón y la Humilde
Tenacidad
El camino de la perfección
requiere una determinada determinación.
Dios no necesita nuestras obras por su valor intrínseco, sino la disposición de
nuestra voluntad y el deseo de servirlo. Debemos evitar dos extremos peligrosos
que nos alejan de la gracia: el voluntarismo,
ejemplificado en el joven rico que pretende "conquistar" a Dios por
sus propias fuerzas, y la pusilanimidad
del paralítico, que cae en la mediocridad esperando que otros hagan el camino
por él.
La verdadera santidad brota de la
pobreza de espíritu. Siguiendo el
ejemplo de Santa Teresita, debemos ser como niños al pie de la escalera: aunque
no tengamos fuerzas para subir el primer peldaño, nuestra buena voluntad y el
esfuerzo constante de "levantar el pie" atraen la misericordia de
Dios, quien finalmente baja a buscarnos para llevarnos en sus brazos.
La Dignidad de la Criatura: El Castillo de
Diamante
Santa Teresa nos describe una
realidad asombrosa: nuestra alma es un castillo
hecho de un solo diamante o muy claro cristal.
Es un paraíso donde Dios mismo
asegura que tiene sus delicias. Esta dignidad es intrínseca al ser humano,
creado a imagen y semejanza de Dios, como un árbol de vida plantado junto a las
aguas de la vida.
Es fundamental comprender que,
aunque el pecado pueda oscurecer nuestra alma (como si cubriéramos los
cristales con una tela negra o resina espesa), nada
puede quitarle su hermosura natural. La luz de Dios sigue habitando
en el centro, esperando que limpiemos esos obstáculos para volver a
resplandecer.
La Oración: Puerta de Entrada y Trato de
Amistad
La puerta para entrar en este
castillo es la oración. No se trata
de un rezo mecánico o rutinario, sino de un trato
de amistad, estando muchas veces a solas con quien sabemos que nos
ama. No importa si la oración es vocal, mental o litúrgica; lo esencial es la
atención y la entrega del corazón.
En este recorrido por las
moradas, se nos invita a no ser "cobardes" ni a instalarnos en una
sola habitación. Dios nos ha dado tanta dignidad que desea que caminemos por
todo el castillo, conociendo su bondad infinita que se despliega desde el centro
hacia cada rincón de nuestra existencia.
El
Conocimiento de Sí bajo la Mirada de la Misericordia
El conocimiento
propio es el "pan que debe
acompañar todas las comidas". Es imprescindible aceptarnos en nuestra
fragilidad y condición de criaturas. Sin embargo, este conocimiento no debe ser
un escudriñamiento oscuro de nuestras miserias, sino una mirada que nace de
contemplar a Jesús.
Cuanto más conocemos al Señor,
mejor comprendemos quiénes somos nosotros ante su mirada. No debemos temer a
Dios como a un juez implacable; Él se nos presenta como Misericordia, acogida y amor incondicional.
Jesús es el Pastor que busca a la oveja perdida y organiza una fiesta al
encontrarla.
En este camino, el verdadero
conocimiento de nosotros mismos nos libera del ego y nos permite experimentar
que Dios nunca ha estado ausente, sino que siempre ha estado "mirando y
remando" por dónde poder entrar en nuestro corazón para darnos su paz y su
alegría inimaginables.
Fuente: Carmelitas Descalzos de
Argentina

